Me quedé contemplando la hoja que vacilaba entre salir o no de la rama del árbol, más allá, se encontraba un pajarito que cantaba inflando su pequeño pecho. Ese canto repetitivo que tenía, me hizo recordar buenos momentos al aire libre cuando podría acariciarla... A ella le gustaba tomar sol, se tendía y me miraba desde la altura con grandeza.Yo pienso que ella sabía que era mejor que cualquiera que estuviera en otras casas del sector. Caminaba con seguridad y nada le importaba, conquistaba a todo el que estuviera cerca de ella. Siempre brilló, aunque estuviera nublado, con lluvia, de noche. Era rápida, hábil, corría, saltaba y tardaba poco en volver. Inteligente, nada le costó aprender, hacía de todo algo mejor para su vida. Su pelo era suave y abundante, sus ojos en azul y amarillo, determinantes, serios, me hacían amarla más. Pero el final llegó, sentí que no la pude vivir tanto, mi infancia me consumió mucho tiempo y la vi partir por una enfermedad. Ahora tengo a dos que amo también, pero ella, ella está en mi memoria, entonces,cuando escucho a las aves cantar recuerdo su calma al sentarse entre las hojas. Bonnie, mi gata.