Mi vida había cambiado, fue ese impacto de terminar con la angustia que no se borrará nunca.
La Angie era una mascota fuera de lo común, para ser una gata. Siempre me acompañaba a todos lados, a todos. Si hubiese podido y no hubiera temido de los ruidos de los autos habría ido conmigo a clases o a trabajar, era así. Casi siempre dormíamos espalda con espalda, y durante las noches me observaba o más bien vigilaba, a veces yo abría los ojos y me estaba mirando fijo. Otra veces, iba y me daba un beso en la nariz y se acostaba. También cazaba todos los bichos de la pieza, me salvó de varias picadas de arañas y zancudos. Me llevaba regalos vivos, lo que no era lindo para mí pero para ella parecía importante. Tenía distintos maullidos para cada cosa, y a veces simplemente me contestaba a lo que yo le preguntara, pero solo en tono de pregunta, no era que maullara al azar. Le cargaba el calor, se ponía mal genio como yo y me gritaba como diciendo que era mi culpa. Odiaba a los perros, nunca les tuvo miedo y cuando salió por primera vez al patio no dudó en pegarles e ir donde ella quisiera. Vigilaba la casa de otros gatos, y también se asomaba por si venía alguien. Nunca le tuvo miedo a los golpes o alguna amenaza si hacía algo malo, porque yo no la crié así, cuando la retaba me hacía cariño, no entendía el concepto de que morder las carteras estaba mal. Jugábamos a las escondidas pero la mayoría de las veces era ella sola la que jugaba y me asechaba como gata psicópata. Quería a todos en la casa, pero solo cuando yo no estaba,porque cuando llegaba no importaba que afuera hubiese lava , truenos, zombies, para ella yo era lo mejor y si estaba ahí todo bien. Cuando viajaba, me esperaba fuera, siempre en el muro, y si no llegaba entraba a dormir resignada, no comía mucho. Ya cuando regresaba se hacía la indignada por un par de minutos, luego se acordaba que me había extrañado y me hacía cariño como nunca. Ella siempre esperaba a que yo volviera, pero ese día no me volvió a ver llegar.
Era un sábado como cualquier otro, pero yo estaba inexplicablemente más feliz que siempre. Desperté con la Angie al costado, estirada como siempre, la saludé y le dije que era hora de levantarse. Se estiró y se bajó de la cama para comer, yo me levanté e hice mis cosas de siempre. A eso de las 09:30 am me pidió salir como de costumbre le abrí la puerta pero antes de que se fuera la miré y le dije "cuídate" me miró con cara de amor y saltó por el muro. Me fui a trabajar.
Llegué contenta a la tienda, le conté a mi jefa que iba a quedarme en Viña trabajando, estaba feliz porque la Angie y yo estaríamos juntas ya que ella realmente la pasaba mal si no estaba. Ya a la hora del cierre me fue a buscar mi pololo, fuimos a comprar un par de cosas para hacer tacos. Cuando llegué a la casa saludé a los perros, y vi a la Minina, mi otra gata, esperé un rato a que llegara la Angie pero como no pasaba nada le pregunté a mi padrastro si la había visto, me dijo que hacía poco había estado en el muro.
Aquí haré un alto, todo lo descrito anterior fue hace un poco más de un año, para mí ha sido tan difícil continuar este texto, que lo abandoné. Ahora continuaré recordando, pero con un poco menos de dolor.
Lo que siguió después de que la Angie desapareciera solo fue desesperación, la busqué sin parar en medio de la noche en el cerro, gritaba su nombre esperando respuesta, como solía hacer ella si llegaba a alejarse de casa. Me resigné a que en la oscuridad no la podía buscar. Mi pololo me decía que llegaría en la noche, que quizás solo se había alejado un poco más, traté de estar tranquila pero no dio muchos resultados. Mientras dormía, tuve la sensación de que había vuelto pero al despertar no estaba, aún era demasiado oscuro para salir a buscarla. Me resigne hasta que amaneciera.
Cuando al fin vi la luz de día, tipo 05:45 am, me vestí y salimos a buscarla. Baje hacia el cerro y veo los perros de la vecina rondando, les dije ¿Qué hacen acá? y movían la cola, cuando miré cerro abajo vi lo que no quería ver, vi mi mayor miedo hecho realidad, la Angie estaba muerta, tirada y con el pelaje pegoteado por saliva de perro. Me tiré cerro abajo y grite con todas mis fuerzas, no podía creer que eso estaba pasando. En ese momento, recordé la primera vez que la vi, cuando mi mamá la trajo en un calcetín de polar. Recordé su pequeña carita, recordé cuando la llevé al veterinario, recordé cada momento con ella desde su mes y medio de vida. Y no lo creía, no creía que mi gatita a la que había criado con tanto amor durante casi 6 años se hubiera ido porque una vecina irresponsable no tenía encerrados a sus perros. Ahí mismo, sentí que me moría por dentro. Lo siguiente fue enterrarla casi pensando que la situación no estaba pasando, estuve en shock mucho rato, actuando casi por inercia.
Ha pasado más de un año, y aunque estoy mejor, aunque ya no lo recuerde tanto sigue habiendo un vacío en mi corazón. No sé bien como explicar, pero es como que aún no pudiera llenarme. La Minina aún está junto a mi, pero es que ningún animal reemplaza a otro, cuando ella algún día se vaya, también me sentiré igual. Quizás más tranquila, ya que espero que su partida sea de forma natural y no accidental.
La Angie siempre estará en mi corazón, y aunque suene de locos, de verdad creo que ella está conmigo donde sea que vaya. Realmente espero volver a verla algún día, en otro lugar.
miércoles, 18 de enero de 2017
sábado, 4 de julio de 2015
Asunto:Ese día todo era una mierda. Te lo juro.
Me habían echado del trabajo, perdí cinco lucas, y me tuve que ir a la casa caminando porque se me quedaron las tarjetas encima de la mesa. Cuando llegué mi madre me dijo que no fuera tan pesimista, que cuando se cerraba una puerta se abría una ventana, típica frase cliché de mamá, así que solo asentí y subí la escalera derrotada. Me tiré en la cama y me puse a mirar las fotos que tenía en la pared, del colegio y me acordé de que mi gran sueño era salir de cuarto medio y ser libre. ¿Qué mierda pensaba? Estar en la enseñanza media era lo más libre que una pudo haber tenido. A excepción de cuando te castigaban y no podías salir. Pero, no tenías deudas, no había que ir todos los días. Era una ganga de vida, pero eso no lo sabes hasta que llegas a la realidad de que nunca serás libre como en esos tiempos. Y no te nombro la niñez porque esa una la vive sin saberlo casi, solo jugabas todos los días, veías pókemon en el Chilevisión o te dormías tarde en año nuevo y era lo más bacán. A veces quisiera volver a ese tiempo donde no pensaba tanto, pero ya me conoces.
Escríbeme de vuelta.
sábado, 3 de enero de 2015
La escalera vieja
Me gustaría que todas las cosas se fueran perdiendo a medida que doy pasos en ese bonito lugar... pero no todo es como una quisiera, a veces.Pararme ahí no fue tan fácil como pensé, mirar todo el alrededor y reconocer la realidad que nos golpeaba a todos, el paso de los años, las hojas secas y la pared con la pintura cayéndose. Al parecer se anhela el pasado con otra expectativa, y de pronto al tenerlo de nuevo en el presente es decepcionante. Pero se puede aceptar, digo, lo que pensaste que era algo tan normal pero que nunca pensaste que se alejaría con los años inevitablemente. Quizás, podríamos entonces, mirar todo desde otra parte y crear otra expectativa de lo que hay... Aunque no sea como antes que tenía más felicidad porque no se razonaba, solo se vivía. Podemos con eso, creo.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
El viejo reloj
¿Nunca te llamó al atención que mientras pasan los años los lugares, las cosa cambian su sentido? Puedo mirar un viejo reloj mural y recordar que estuvo en muchas paredes, distintas casas, pero siempre en alto. Podría decir entonces, que es un eje, un punto de partida que parece envejecer junto a mí. Cuando era niña recuerdo mirarlo para esperar la hora de un programa, la hora en la que pasaría el viejito pascuero."El palito chico tiene que llegar al 12, ahí llegan los regalos"
En otra época, ya más grande, las horas eran eternas y a las vez rápidas dependiendo de que hacía. Muchas veces solo quería que llegara la hora de que la casa estuviera llena. También esperaba el cambio de hora."Hay que atrasar el reloj una hora" . Y yo me acuerdo que esa noche hacía calor, sentada en el piso pensaba lo grande que era por poder quedarme una hora más y dormir a las 1.
Lo miraba hace años "A las 00 son los resultados". Así que escribía en el computador mirándolo de reojo, el tiempo siempre pasa rápido en él, pero esa vez se hacia lento.
Un viejo reloj blanco, con una extraña forma, de niña y ahora, me parece gigante, con sus pilas que duran hasta un año. Nunca voló de la pared por un temblor. Nunca se paró sin razón. Este viejo reloj, que guía mi vida, aún lo miro en alto, aún espero la llegada de alguien, los cambios de horarios, y el resultado de algo sin sentido.
miércoles, 4 de junio de 2014
Carta a Frank
Frank:
El otro día me cansé de escribir poesía porque el mundo no me inspira, las personas que están alrededor solo viven de apariencias y de cáscaras inútiles, es como si al salir de la escuela no se hubiesen percatado del mundo real y siguieran con sus club's inútiles, un día la realidad los golpeará. Son todos como el pico. Cada uno de ellos creyéndose mejor que el otro, se miran y ríen, pero en el fondo compiten; desde niña supe que yo no sería como ellos, no vendería mi alma a la estupidez. Si, te vas a reír porque sueno como la fea reprimida, pero tu sabes que no es así, yo sé que no, solo que no necesito ser un florero para que lo demás lo noten. Yo pensaba que la gente así solo estaba es esas películas gringas de adolescentes, y me equivoqué. No sé por qué me da rabia, creo que en mi cabeza no entra ese tipo de personas. Traté Frank, de verdad, de ponerme en algún remoto lugar de que yo estaba discriminando, y ni eso; si vieras como miran al resto de la gente, con desprecio y compasión de no ser como ellos. Me los imagino a futuro despertando en su cama dándose cuenta de que todo lo que hicieron en su juventud eran pelotudeces de popularidad y que no existe más. Pobre de sus hijos, que si no salen igual a ellos sufrirán al tener papás tan idiotas. Y ese es mi problema, e ahí tu respuesta de por qué no subía nada hace tiempo, convivir con gente sin coeficiente intelectual me deprime, que bueno que como tú, existen personas que si valen la pena.
El otro día me cansé de escribir poesía porque el mundo no me inspira, las personas que están alrededor solo viven de apariencias y de cáscaras inútiles, es como si al salir de la escuela no se hubiesen percatado del mundo real y siguieran con sus club's inútiles, un día la realidad los golpeará. Son todos como el pico. Cada uno de ellos creyéndose mejor que el otro, se miran y ríen, pero en el fondo compiten; desde niña supe que yo no sería como ellos, no vendería mi alma a la estupidez. Si, te vas a reír porque sueno como la fea reprimida, pero tu sabes que no es así, yo sé que no, solo que no necesito ser un florero para que lo demás lo noten. Yo pensaba que la gente así solo estaba es esas películas gringas de adolescentes, y me equivoqué. No sé por qué me da rabia, creo que en mi cabeza no entra ese tipo de personas. Traté Frank, de verdad, de ponerme en algún remoto lugar de que yo estaba discriminando, y ni eso; si vieras como miran al resto de la gente, con desprecio y compasión de no ser como ellos. Me los imagino a futuro despertando en su cama dándose cuenta de que todo lo que hicieron en su juventud eran pelotudeces de popularidad y que no existe más. Pobre de sus hijos, que si no salen igual a ellos sufrirán al tener papás tan idiotas. Y ese es mi problema, e ahí tu respuesta de por qué no subía nada hace tiempo, convivir con gente sin coeficiente intelectual me deprime, que bueno que como tú, existen personas que si valen la pena.
martes, 18 de marzo de 2014
Alma
Ya era oficial. Había perdido el control sobre mi, o así mi cuerpo lo sintió en ese paradero frío y con múltiples rayados. Mi corazón latía más fuerte que nunca, constantemente me repetí lo tonta que era al sentirme así, pero era verdad, no valía nada para nadie excepto de mi familia, y era pequeña al lado de quién fuera, frágil, a punto de querer gritar entre toda la gente que estaba ahí, que en sus rostros reflejaban su aburrimiento, preocupación, o la nada. Nada, se presentaba de diversas formas todos los días y cada paso que daba recordaba que caminaba, otra vez, hacia nada. Vivir por vivir, sonreír y practicar el estar bien, aceptar y parecer alguien normal, con problemas normales comunes como no saber que usar; En mi caso, no saber que creer de mi. Volví a respirar hondo y me subí a una micro.
sábado, 25 de enero de 2014
Wind
A veces sentía que estaba equivocada, en el lugar incorrecto, viendo como pasaba la vida simple e insulsa. Tal como si me escupiera en la cara y me mostrara que podía tener lo mejor pero que sin embargo no podía alcanzar. Y el viento, traspasaba mi ser cuando bajaba el vidrio del auto, sacaba la mano como queriendo imaginar que no iba a ningún lugar y que no tendría que despedirme del vehículo. Si llegaba inevitablemente antes de que terminara la canción que iba escuchando, no podía detenerme ahí, así que la hacía parte del contexto, la realidad a veces me sacaba de eso, pero podía volver a concentrarme. Entonces llegué a la conclusión, estaba ahí en mi nariz haciéndome un poco de burla, no estaba tan fuera de lugar, solo no sabía cómo apreciar lo que se me presentaba. Y la vida, no era tan simple e insulsa después de que te vi.
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